IMAGEN DEL STMO. CRISTO DE LA PIEDAD

Autor: Francisco María Maggio

Materiales: Madera de cedro, encarnado y policromado. La talla se encuentra ahuecada. Cruz arbórea de pino de Flandes de 1984

Dimensiones: Altura, 183 cm. Anchura, 150 cm.

Esta hechura del crucificado fue encargada al artista por Sebastián Sánchez Marín, Mayordomo de la Cofradía de la Piedad, en un precio de 3.580 reales de vellón. El encargo de la imagen por la cofradía al escultor debió ser conflictivo, debido a varias causas todas ellas supuestas, siempre moviéndose en el terreno de la hipótesis. Una de ellas, parece ser, que el Mayordomo, abusando de su cargo, se tomó las atribuciones para formalizar el encargo. Otra, que la hechura no gustó, tanto en la forma como en la policromía. De hecho, los litigios se prolongaron hasta que Sánchez Marín encomendó a Francisco María Mortola que la rehiciese, corriendo los gastos a cargo de Francisco Maggio. El 25 de abril de 1759 se nombró a “Pedro Laboria, maestro de escultura y encarnados, y a Alejandro García Romero, pintor de figura y perspectiva, para asesorar a Mortola”. En 1759 quedó definitivamente terminada; según la documentación que hemos examinado los únicos defectos que se le apreciaban estaban relacionados con la policromía.

El crucificado está realizado en madera de cedro, como es costumbre en las tallas de este período, se encuentra ahuecado, y revela el oficio magistral de su autor en todos los detalles que observamos en la obra. Es una imagen de gran corrección en sus proporciones y anatomía, muy esbelta, y toda ella rebosa y transmite serenidad y belleza. El artífice, sin renunciar a su pasado “artístico genovés”, se adapta a los cánones andaluces; así podemos ver la simetría de la imagen respecto al eje de la cruz, el paño de pureza sin masas laterales y anudado al centro; este último detalle, puede que le fuese impuesto al escultor, dada la costumbre extendida hasta casi mediados del siglo XX, de colocar sudarios de telas naturales en las imágenes de Cristo desnudo, dañándose irreversiblemente al colocarse mediante clavos y alfileres. El crucifijo de la Piedad no se escapó a esta moda.

La cabeza aparece inclinada suavemente hacia la derecha, y el rostro se halla realizado con verdadero virtuosismo; la cabellera también se encuentra muy elaborada, con los mechones cayendo sobre el hombro y pectoral derechos, y por su lado izquierdo recogido el cabello hacia atrás, formando bucles. En todos sus detalles deja entrever los influjos maraglianescos.

Mención especial merece la rica y prolija policromía que complementan la talla, con un tratamiento pormenorizado de las llagas y heridas, en las que el autor introduce pergaminos con el aparejo para acentuar el realismo; igualmente, la sangre que mana del costado también aparece en relieve.

En los documentos transcritos, es de las pocas veces que se citan materiales para la policromía, como el yeso (aparejo), el aceite de nueces, los colores (pigmentos), etc., que indudablemente constituyen una novedad. Tampoco en el proceso de restauración que llevamos a cabo en 1984, incluido el extenso estudio radiográfico correspondiente, nos aportó nada nuevo en este asunto.

“Escultura Genovesa. Artífices del Setecientos en Cádiz, 2006, José Miguel Sánchez Peña”